Relaciones Cuba-EE.UU. actuales en el contexto de dos “nuevos órdenes mundiales” opuestos.* Por Arnold August

de

Existen en la actualidad dos “nuevos órdenes mundiales” opuestos. Uno de ellos, el “Nuevo Orden Mundial”, está liderado por los Estados Unidos en alianza con la Unión Europea. Este orden fue iniciado por el presidente Woodrow Wilson después de la Segunda Guerra Mundial. Con la caída de la URSS, el presidente Gorbachov y el presidente George H. W. Bush adoptaron y, posteriormente, desarrollaron su “Nuevo Orden Mundial”. A partir de la elección del presidente Chávez en Venezuela en 1998, surgió un nuevo movimiento basado en la integración de América Latina y el Caribe. Esta nueva particularidad se expandió más allá de la región, lo que llevó a hacer alianzas políticas, comerciales y de cooperación con Rusia, China e Irán. En América del Sur, Brasil es uno de los cinco países que forma parte del grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). BRICS, con lazos estrechos en la región al sur del Río Grande, sirve también de base a este nuevo orden mundial en competencia con los demás. Esta nueva alianza no persigue hegemonía mundial, como es el caso del nuevo orden mundial original. Su objetivo consiste en abrir espacios para un mundo multipolar. 

Los Estados Unidos y sus aliados no se han quedado de brazos cruzados. En este contexto, su nueva política táctica hacia Cuba desempeña un papel importante.

Este ensayo examina esencialmente la política de los Estados Unidos posterior al 17D hacia Cuba y América Latina, menciona los posibles efectos favorables para el “nuevo orden mundial” emergente y plantea sus factibles consecuencias peligrosas. 

  1. Obama planta la semilla de una nueva política con Cuba en su calidad de jefe de una nación que se ha comprometido a restablecer un nuevo orden geopolítico mundial con carácter unipolar
  2. El brote del “nuevo orden mundial” fundado sobre un mundo multipolar
  3. El papel que Obama desempeña en el marco de los esfuerzos destinados a suprimir la multipolaridad: Cuba y América Latina
  4. Las relaciones Cuba–EE.UU.: Los retos que se anuncian para Cuba y América Latina

a) Injerencia en América Latina

b) Resistencia en América Latina

c) Cuba: la “excepción”

Obama planta la semilla de una nueva política con Cuba en su calidad de jefe de una nación que se ha comprometido a restablecer un nuevo orden geopolítico mundial con carácter unipolar 

Los académicos, escritores y periodistas en América Latina y el Caribe perciben y analizan a Obama como presidente en formas diversas. El presente ensayo plantea, por el sistema político de los Estados Unidos, que la característica más importante del fenómeno Obama es que él constituye un instrumento complaciente que transmite la voluntad del imperialismo estadounidense. El papel que desempeña es el de pasar a la ofensiva en nombre de la vasta mayoría de los círculos dominantes para volver a conquistar globalmente la influencia perdida. Así, Obama se esfuerza en restablecer un nuevo orden mundial unipolar, tesis sobre a cual reposa la mayor parte de esta sección y que forma parte de mi libro más reciente.

En el período 2006-2007, numerosas señales provenientes de representantes de los círculos dominantes de los Estados Unidos indicaban que el país enfrentaba un serio problema. Se trataba de la credibilidad internacional. Zbigniew Brzezinski fue asesor de Seguridad Nacional del presidente James Carter, en su libro Second Chance: Three Presidents and the Crisis of American Superpower (Segunda oportunidad: Tres presidentes y la crisis de la superpotencia estadounidense), publicado en 2008, Brzezinski se refirió al “aislamiento de los Estados Unidos a escala global y las dudas existentes en el mundo sobre el liderazgo de Bush”. Igualmente expresó preocupación por el “creciente vínculo que se está estableciendo en América Latina entre el auge de la democracia [refiriéndose a países como Venezuela] y el aumento del sentimiento antiestadounidense”. Brzezinski menciona igualmente que George W. Bush “no interpretó correctamente el momento histórico… y socavó la posición geopolítica de los Estados Unidos”. América Latina estaba “tornándose populista y antiestadounidense”.

Durante las primarias demócratas de 2007 Brzezinski apoyó a Obama contra Hillary Clinton y justificó su decisión alegando que Obama “reconoce que el reto radica en modelar una “nueva cara” [y él tiene] tanto el coraje como la inteligencia para enfrentar ese tema [asuntos globales] y cambiar la naturaleza de las relaciones de los Estados Unidos con el mundo”.

Una de las primeras experiencias importantes de Obama en materia de política exterior tras su toma de posesión en enero de 2009 fue la Cumbre de las Américas de abril de ese año, celebrada en Trinidad y Tobago. Todos los países de las Américas fueron invitados, excepto Cuba, que fue expulsada unilateralmente de la Organización de Estados Americanos (OEA) en 1962 a causa de su ideología marxista-leninista, definida por la OEA como contraria a su carta democrática. La condición de miembro de ese organismo determina la lista de países invitados a la Cumbre de las Américas.

El 13 de abril, y solo a cuatro días de la inauguración de la Cumbre, la Casa Blanca emitió su anuncio relativo a la “serie de cambios” en la política de los Estados Unidos hacia Cuba. El rasgo principal del cambio de política “Extendiendo la mano al pueblo cubano” era “apoyar…su deseo de determinar libremente el futuro de su país… El presidente Obama cree que estas medidas ayudarán a hacer realidad ese objetivo”.

Las diferencias de Obama con anteriores políticas de los Estados Unidos no consistían en iniciar un cambio significativo hacia la normalización de relaciones. Su propósito, basado sobre las ilusiones creadas con respecto al sistema bipartidista, era cambiar las tácticas, ya que “no habían logrado alcanzar el mismo objetivo del cambio de régimen”.

Lo que ha cambiado son las tácticas; la argucia es la nueva cara. El plan difiere del de la política de Bush, del cual la única queja de Obama es que “no funcionó”.

Sería ingenuo pensar que hay incluso una pizca de buenas intenciones, como puede inferirse de las citas de la Casa Blanca mencionadas anteriormente. Cuba, por su parte liderada por el Presidente Raúl Castro con la plena y talentosa obra del Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX), su Ministro Bruno Rodríguez y la Directora de Asuntos EE.UU. de la cancillería cubana, Josefina Vidal y otros funcionarios han hecho todo lo posible para promover el intercambio mutuo en varias esferas, tales como el combate al terrorismo, la lucha contra el narcotráfico en el Caribe, la inmigración y otros temas. Los “cambios” realizados por Obama no son “modestos”; por el contrario, representan el propósito más bien audaz de intentar, una vez más, derrocar el sistema político de Cuba mediante otras tácticas. La posición sostenida por algunos de que el bloqueo tal como era en la época de Bush “no funcionó” es una suposición peligrosa, porque da lugar a nuevos métodos que sí funcionarían.

¿Cuáles son las nuevas tácticas ad hoc para concretizar el objetivo de largo plazo de los EE.UU.?

En relación con Cuba, los hechos demuestran que la Administración Obama está aplicando las mismas políticas de largo plazo de Bush y tiene el mismo objetivo a largo plazo que el de los actuales republicanos, incluso los republicanos cubanoamericanos más “halcones” en el Congreso. Esta política remonta a los primeros días de la Revolución de 1959, o sea, su objetivo es derrocar al sistema cubano.

El único tema que se debate son las tácticas, como demuestra una declaración de Hillary Clinton, Secretaria de Estado. El 10 de marzo de 2011, en representación de Obama ella asistió a una sesión del subcomité de Asignaciones para Operaciones Estatales, Foráneas y Programas Afines de la Cámara de Representantes del Congreso de los Estados Unidos. En respuesta a un republicano cubanoamericano miembro de este subcomité —que hizo una pregunta acerca de la viabilidad de los cambios de Obama sobre viajes familiares y remesas para alcanzar los objetivos de los Estados Unidos en Cuba—, Clinton dijo: “Ciertamente podemos discrepar en cuanto a las tácticas, pero estamos totalmente de acuerdo en lo que estamos tratando de alcanzar en términos de objetivos [derrocar “los Castros” en las palabras del republicano].”

En la Cumbre de las Américas, celebrada en Trinidad y Tobago en 2009, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Argentina y otros países expresaron su oposición a la política de Obama hacia Cuba; sin embargo, el ambiente general en la propia Cumbre y posteriormente a esta fue de moderada oposición. El conflicto en torno a Cuba bajó de tono con un ambiente de “cambio” flotando sobre la Cumbre, o una nueva era de relaciones positivas entre los Estados Unidos y América Latina. El resultado de la Cumbre fue, realmente, un arreglo, ya que la declaración final fue una ofensa para Cuba. Por eso, y por otras razones, los asistentes no la firmaron.

La primera victima en el transcurso de este breve período caracterizado por las ilusiones respecto a Obama fue Honduras. El país, dirigido por el Presidente Manuel Zelaya, era miembro del ALBA. La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos o ALBA-TCP (en ocasiones denominada extraoficialmente por su nombre inicial Alianza Bolivariana para América o ALBA) es una organización internacional de ámbito regional, enfocada para los países de América Latina y el Caribe que pone énfasis en la lucha contra la pobreza y la exclusión social con base en políticas de izquierda progresistas. El ALBA se creó en La Habana el 14 de diciembre de 2004 entre presidentes Fidel Castro y Hugo Chávez. Creció con otros países como Honduras con su Presidente Manuel Zelaya. Ahora tienen países miembros como Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Ecuador y otros.

En junio de 2009, un golpe de estado militar organizado por la Administración Obama en contubernio con sus aliados hondureños militares y los políticos de derecha derrocaron al gobierno constitucional dirigido por Zelaya.

Obama, con su don de la palabra y la imagen de “cambio” hizo una “jugada” moviéndose entre dos posiciones. Una estaba supuestamente en contra del golpe y expresaba esta “oposición” con un discurso que cambiaba a menudo para diluirse en una postura sin sentido. La otra, en términos realmente prácticos, se oponía al regreso de Manuel Zelaya a Honduras como presidente democráticamente electo, lo que constituía, en realidad, la prueba decisiva de la oposición al golpe. Con estas tácticas Obama sirvió al objetivo de intentar superar la desastrosa pérdida de credibilidad de los Estados Unidos y reducir el sentimiento antiestadounidense en el área. No fue la actitud de matón tipo Bush la que llevó a cabo el golpe de Estado en Honduras, sino más bien la más aceptable nueva cara del imperio. Los hechos demuestran, sin embargo, que Obama apoyó plenamente el golpe.

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